Salpicaduras involuntarias.



Ya no va por ti, ahora me exprimo a mi misma. Y quizá no importe que introduzca esto o no, ya que ... Bueno, ¿Qué más dará? El caso es que hoy tuve un sueño muy raro. Demasiado.


Verse sola en casa un día de lluvia torrencial, relámpagos y truenos que describen sobre el cielo negro tus estados de ánimo es un lujo, y más aún si tienes un tejado a tu disposición y muchas ganas de empapar el alma; aunque sólo sea de agua.

Notar cada una de las gotas; la sensación de frío que me recorre desde el cuello hasta empaparme la camiseta y el pantalón; calarme, y dejar en mi ese olor a humedad. Esas gotas. Esas que van dejando su rastro dactilar, jugando con mis pulsaciones y conquistándome los sentidos; ahogándolos en lodo, cabellos rubios y recuerdos.

Siempre nos hemos centrado en tratar el masoquismo como un término paralelo a la idiotez, y quizá no nos equivoquemos mucho, ya que yo confirmo la regla, a pulso, llevando este pantalón corto (que no debería poder llamarse 'pantalón') y la épica camiseta con la inscripción de 'Lo que hay en tu vaso, dice mucho de ti'; toda calada de agua, chorreando, y con ello, haciendo un combo con las huellas de mis puntillas sobre el parquet, mil y una gotas que, confundidas, llovían desde mi pelo acabando con su vuelo masoquista y abandonando mi cuerpo, como tantas otras veces.

Idiota, porque sabía que del constipado no me libraba nadie, y aún así quería notar esas gotas bajando por mis piernas, hasta llegar a mis pies conjelados y posados sobre las tejas, textura de las cuales no hacía más que invitarme a recorrerlas, una por una...

Contrastes. Siempre me gustó caer solo para, posteriormente, sentir el ascenso. Y así estoy ahora, desnuda, fundiendo en la bañera las pocas gotas que decidierón incrustararse en mi pelo.
El agua caliente hacía juego con mi pálida y fría piel, ruborizando cada mojado centímetro y haciendo competencia al olor a tierra mojada con el aroma a frambuesa que las sales iban dejando, poro por poro, sobre mi cuerpo.
La música en mis cascos hacía latir mis tímpanos al compás de la situación, con Vetusta invitándome a respirar de la húmeda paz que abastecía mis pulmones, y así hice, dejado que lo que fluyese por mis vasos sanguíneos hablase por mi; soledad, equilibro y pocas cuerdas que me atasen al mismo pensamiento que me hacía, noche tras noche, pulular cual nubarrón hasta calar la almohada y quedarme dormida sobre mi propia pena.

Hoy no era una de esas noches, qué va.



Hoy respirar era la droga y esa almohada mía un edén sobre el cual, si no estuviese tan sola, clavaría mis dientes con el afán de averiguar a qué saben esas nubes que han incrustado sus lágrimas entre mis dedos, sirviéndome como excusas para recordarte.. Malditas, por llenar mi historia en blanco con sus acuarelas, que no se dedican a otra cosa que a dejar un camino de rimmel desde mis ojos hasta los rojos labios; y estos, que no hacen más que manchar cada bocanada de aire que atraviesa mis dientes, confundidos quizás, por ese blanco tan paralelo al cuello de tus camisas...


Obsesión, o simple agonía sentimental. No lo tengo nada claro. Solo sé que esa noche soñé que no había más humedad que la de tus labios sobre mi piel; que no eran tejas, si no tus tintas las que yo recorría minuciosamente.
No era lluvia lo que calaba mi ropa, y más bien era tu voz la que se enrredaba detrás de mi oreja. Eran tus manos, y no esas gotas las que dejaban su rastro descendiendo por mi cuello.

El edén sabía a vodka, y sus nubes a saliva.



El último café, y te prometo desaparecer.





Empezar algo que sabes que forma parte de un final es, después de conocerte, la cosa más excitante que he hecho jamás. En todos los sentidos.
Es como ese morbo de saborear hasta la última gota con la esperanza de acordarte de ese sabor amargo hasta en la noche más dulce y solitaria. El morbo de sentir que creo recuerdos que mañana jugarán con mis estados de ánimo, de la misma manera que lo haces tú conmigo; de la misma manera que yo te cedo el turno para que tires los dados y acabes en esa casilla que te hace ganar a siete pulgadas de mi ombligo...
El morbo. La broma del destino, o ese bromo que se cuela por los poros de mi piel con cada una de tus caricias, alterando mi sistema nervioso hasta yo ya no poder—o no querer—controlar las ganas de perderme entre tus dedos.. Pero todo eso se acabó, ya sea por que cada reacción tiene un catalizador que la agota, igual que cada redacción ha de tener su desenlace y punto; o por el simple hecho de que cada lazo de relación acaba corroído por el roce.. ¿Qué más dará a estas alturas? Si el vértigo que siento de lo único que avisa es de que voy a caer, sin tus manos como salvavidas.



Me hallo imantada a los muelles de la cama, releyendo viejas conversaciones que no ayudan; nada.
Hundida entre sábanas y deberes, pero ahogada ente nudos de garganta que me hacen y deshacen entre cada línea que leo y suspiro. Quizá así sea mejorsonrío, pero tengo más que claro el hecho de que ser 'solo amigos' me limita a tomar café contigo, pero vestida.

Eso me desorienta, y entristece.

Aunque el gran problema no es ese; lo realmente complicado está en que alguien le diga ahora al gato que la camisa en la que está acurrucado acabará siendo parte de mi basura, sentimental y práctica.
Creo que le gusta como hueles, no más que a mi, claro, pero creo que te extraña de la misma manera que hago yo; sin conocerte, ansia clavar sus uñas en tu historia y dejar un camino de ganas que te lleve a mi tejado las noches de desvelos, ¿Sabes? Esas que de repente me hablabas y yo estaba ahí para gemirte alguna nana..
Pero bueno, hay otras cosas que tampoco serán fáciles, como la de desacostumbrarme a esa sensación cada vez que te ibas; sabía que podía esperar ese 'aquí estoy' siempre oportuno. Aunque fuese a las tres de la madrugada, yo sabía que te encantaba devolverme las tormentas que se lleva el invierno; dejándome sola en medio de este calor, vestida de ganas para lo que es el acontecimiento de mi vida: Te vas, e igual que ese invierno, te llevas el olor a tierra mojada contigo...

Sé que lo justo sería que hoy grite que te odio, y ese mismo acabe flujendo en tu boca como una de tantas promesas que se funden, pues igual; el placer que conlleva disfrutarte por última vez debería ir antes del punto, pero esta vez solo se queda en un 'quizás', y aunque mis ojos no te lo digan,  que puedes escuchar más de mi que hasta yo misma.
Sé que sabes que la caja de los zapatos nuevos que me compré para verte hoy ya no huele a piel nueva, qué va; hoy es el olor de los recuerdos quien me envuelven cual humo gris, dejándome seca la boca y los ojos fundidos en rojo; calando en mi junto al aroma del último cortado que saboreo pensando en ti. Lo prometo. Prometo que todo lo que se tatúe en mi a partir de ahora no llevará tu nombre en braille, prometo no arrugar mis vestidos pensando en cómo me echas de menos. Prometo no esperar que me leas, prometo no buscarme en tus palabras..

Prometo no olvidarme del mundo escribiendo, como ahora, en este bar con olor a madera y whisky. Te lo prometo, y solo tengo una última cosa que decirte: Gracias por tu visita, ya te devolveré el cambio.

Yo, música, él.




Ella, Madrid, frío, medias de rejilla y música. 

No me gusta pensar que quedan sólo unos veinte pasos para volver a verme parte de un juego que siempre termino perdiendo pero, como siempre, camino con esa decisión que marca el ruido de mis tacones y siento la sensación de vértigo que me produce la idea de encontrarme con tu olor al darte los dos besos de protocolo. Como siempre, voy en busca de mi propio depredador y, si es cuestión de confesarel morbo me invade.
No es de extrañar que, una vez más, el hombre del tiempo estaba demasiado celoso del sol y ha decidido mandarme humedad, escalofríos y olor a asfalto mojado. Todo a conjunto con mi vestido gris, si, y con mi piel blanca erizada, precipitándose a tus dedos. En mis cascos suena la mágica voz de Ferguson recordándome que hoy será un día llovioso, entre otras cosas; otras como doloroso, mojado... por lágrimas, y muy, demasiado, extremadamente, infinitamente tuyo. Sí, porque a veces pienso que tienes tan claro como montar mi puzzle a tu antojo que hasta todas las demás piezas de mi pasado me parecen perdidas. Como yo, cuando te diviso; esperando de espaldas y tan bien vestido como siempre.. Me matas. Tu pelo, tu sonrisa.. Tu todo. Pero wait. Pausemos el viento un momento..

¿Qué coño hago aquí, con mis labios perfectamente rojos, estos nuevos tacones demoliendo mis pies y con las medias que no hacen más que recordarme el frío que me recorrió aquella tarde en la que tu..? Soy idiota. No hay más.

Dar pasos de arrepentida nunca ha sido parte de mi estilo, pero hoy los cuatro que di para perderme entre
la multitud fueron claves para evitar que volvieras a verme guapa y con el rimmel corrido. Qué mágica soy, de verdad. Me maldigo por haberme levantado tan emocionada; odio haberme duchado pensando tan solo en ti y haber escrito con mi dedo tu nombre sobre mi espejo empañado.. Maldita yo y mis falsas esperanzas. Maldito tú, como uno de ellas. 
Me doy lástima, lástima pasada y presente; me acuerdo de cuando me comunicaste que te gustaba, sí, pero que conocer a otra persona era lo que el momento te pedía. Que te esperara, dijiste.
  ¿¡Que esperara qué!? ¿¡A quién!?. ¿Cuánto?
Te perdí perdón por mi cinismo en su día, pero hoy es cuando me doy cuenta de que fuiste tú quien debió aparecer en mi puerta sin avisar, demostrándome ese vomitivo 'eres maravillosa', y pedirme mil disculpas a besos por haber roto mi nuevo corazón, arreglado hace unas semanas por tus falsas palabras..

________________________________ El.

Volver, ese mismo verbo viste mis pasos, tengo el corazón en el vientre y mi canción favorita en los cascos.
Mis nervios, temblores tontos, ni si quiera se esfuman tras una calada de mi cigarro y este frió ataca mis pulmones mientras camino.
Ya no llora el asfalto, el tiempo perdido se burla de mi a cada paso. 
El sol ya murió desde lo alto, la incertidumbre de si ella estará tras este camino o no, retumba en mi cabeza, me vuelve loco, ya no parezco ni humano.

¿Dónde sonrió el amor? Sobre su boca. ¿Y por que se iría? Fue mi culpa.

Ni si quiera los cubatas o el sexo descontrolado supera la poesía de su cuerpo. Que exagerado y soñador soy...  Sus piernas, eran la locura de mis noches. Joder, hablo como si fuese mía... Que ignorante eres, si ya ves tu mismo que su corazón se fue tras ese bulevar.
Le ofrecí palabras vacías, me deje llevar por el morbo necio, busque poesía en otra piel, ahora soy hermano del tedio.
Estoy llegando ya, no veo su cabello, no siento su alma risueña... La brújula de mi interior me indica Norte, Sur, Este y Oeste.

Me siento perdido, no esta... 

_______________________________ Ella.

Ahora ya no estoy. 

Mis pasos tan tristes como yo amainan; no puedo correr, no quiero irme, ni volver. Quiero buscar ese momento otra vez y gritar a cuatrocientos kilómetros de tu oído lo que los dos perdemos en tu partida, pero nada. Nada vale..
Llegar a casa solas no era mi plan para hoy, ni bajarme la cremallera del vestido debería ser un reto; pero aquí estoy, haciendo café calada por lágrimas y lluvia. 

Haciendo café y oliendo a pena gris. 

Haciéndome el café mientras empapo el parquet dejando huellas de puntillas, y con el iPhone en mano esperando que no me llames, y necesitando pedirte que no seas tan cobarde como yo, y vengas aquí. Ahora..

Que vuelvas y me salvesnos salves.

_______________________________ El.

Contagio a mi hogar olor de invierno y su lodo. ¿Cuantos gramos de tristeza se rociaran sobre mi rostro?
Dedos nerviosos bailoteando las llaves, estando colgado mi corazón roto.
Lágrimas fulgentemente caídas, esperando a que tu ausencia haga el amor a cada palabra escrita.
Condenado a resacosas mañanas sin el amanecer de su piel entre mis sabanas. Ruge el silencio, cigarro amargo puebla en mi boca, calada ardiente de arrepentimiento. ¿Lloverá en sus ojos? Los míos ya muestran su sacrificio lento. 
Necesito sentir el beso de tu sangre, el desamor no tiene porque enterarse.

¡Ven, por favor, ven!

Y mis NIKE visten de nuevo mis pies, capucha sobre la cabeza, cuidad de poetas, volveré a su triste edén.


Tomando apuntes.




Siempre dije que alejarme tanto de mi propia costa fue lo mejor que supe—o pude—hacer, principalmente, porque nadar y quedarme a mitad de ese lago de dudas no me llevaba más que a ahogarme entre mis propios porqués. Pero es cierto que, por otra parte, hubo un tiempo en el cual tú eras mi idealsalvavidas¿Sabes? Como esos que siempre salen en las películas americanas; rojos y blancos. Tan como tú, tan apasionado como neutro a temporadas; tan asfixiante y tan necesario. Tan mío..
Algunas veces, admito que hasta me gustaba revivir en tu boca y volver a esnifar los pequeños detalles de la vida gracias a ese respiro de tu voz resonando en mi garganta cuando me hablabas, tan cerca, rozando con cada sílaba mi alma contra ese labio inferior que tantos escalofríos provocaba en cada uno de mis pálidos vértices.. Ya sabes.


Esa era mi historia; la misma que ahora me ahogo recordando entre grados líquidos e infinitos de humo. La misma, que se convierte en mi talón de Aquiles cada vez que sumerjo la cabeza entre bombos y arrepentimientos en cajas de zapatos. La misma que viene, va, y se queda a cien metros de mi olvido; esperando el momento oportuno para volver a sacar sus garras y clavárme esas manos tuyas sobre mis muslos.. Utópico. Ya, claro. Tan maravilloso y mágico todo como este malestar masoquista que me creo yo sola al estar pensando en tu espalda en vez que calcular el campo eléctrico que saldrá en alguna de las preguntas del examen que tengo dentro de unas horas, alguna de las preguntas que no valdrá responder con un 'te quero', alguna de las preguntas de ese examen que no aprobaré y del cual me evado calculando el pH de tu saliva.

Y así estoy, sumida en mi vicio de ciencias, menuda yo; mezclando Física y Química desde aquel mes de Marzo que te dio por darme un tiempo de abandono, tiempo que yo aproveché para dejar de diferenciar las lágrimas del sudor y mezclar conceptos de sintáxis, confundiendo tu verbo 'follar' con mi 'quererte'Y así. Así es como hoy no sé qué quiero; no sé si necesito dormir o si es más productivo jugar con mi entalpía, rozando máximos, recordando tus fórmulas de aplicar el movimiento armónico simple en mis senos, cosenos y otras metrías que se escapan de mi memoria en formato orgasmo..

En fin, ya he empezado como siempre; divagando mientras calco tus sonrisas en mis hojas de apuntes aún con otros deberes que atender. Vuelvo a las guerras sin razón conmigo misma y con este tic-tac acompasado que palpita todo recto y a la izquierda, clavándose las astillas de su jaula quebrada por muchas tantas puñaladas y esperando, de forma pacientemente masoquista, ese momento compasivo en el cual la vida de un vuelco de los suyos y pueda volver a formar parte del dúo que se crea entre mi respiración agitada y sus latidos cada vez que el peso de tu cuerpo crea el equilibrio perfecto en el tiempo,no dejando que pasen sus segundos entre mi piel y la tuya.-

Tú en Nueva York, y yo intentado ser un 'nueva yo'.




Paradójico.-

Y tanto. Tan incoherente como atado a la lógica, tan.. Tú, que hasta a veces me asusta pensar que este vértigo que siento no es más que una de esas tantas ocasiones en las que me sacas de tu cabeza y me dejas caer, deslizándome por ese rascamiscielos que es tu cuerpo.
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Morderme el labio, mientras te leo furtivamente, intentando cazar algún trazo de mi entre esas palabras tuyas que realmente no guardan ninguna mínima relación con lo que, algún día, yo imaginé dibujado en tu pecho con mis finos dedos. Pero bueno. Al fin y al cabo te juré que no iba a darle más cuerda a ese viejo carrusel que no hace más que chirriar y recordarme el sucio ruido de esos muelles de hotel.
Te mentí. Sí. Y lo admito ahora que el ruido del tráfico y las risas de los transeúntes nos dejan sordos. Te lo digo con la mirada, porque no quiero estropear ese momento manchando mi carmín de verdades que, ni a ti, ni a mi nos harán bien; prefiero que todo siga así, con mi sonrisa mintiéndote con un 'todo va bien' y tus pestañas filtrando aquello que yo me niego a ver en tus ojos.. ¿No crees que así todo es más sencillo? Más gris, más rudo, más frío, más yo.. Todo, al fin y al cabo, termina siendo tal y como son las personas que lo crearon; nuestro 'todo', pues, será algo así como esa habitación del piso catorce, en el cual solo tu y yo nos hemos sabido querer como nunca, es decir; no querernos nunca, pero hacerlo a conciencia.

A conciencia.. Y voy a hacértelo más fácil resumiéndolo todo en algo muy sencillo: Verás, muchas veces, estar sola está bien; otras, a solas contigo sería la única forma de estar, y es por eso por lo que nunca consigo deshacerme de tu recuerdo; te busco, me desvivo por encontrar tu olor en algún rincón de mi cama.. aún sabiendo que nunca llegaste a dormir en ella.

 Y así es como vivo yo; por épocas, etapas, blancos y negros de mis códigos de barras.. y demás excusas que me pongo a mi misma para conservar mis huellas dactilares y este orgullo que me cuelga del cuello cual ficha policial, delatándome ante cualquier registro cardíaco de alguien que se cree que con besos y tiritas en formato lengua puede reformar estos latidos míosque solo siguen el ritmo que les marca tu dedo al sacudir la ceniza de tu cigarro..

En fin. Sigo mirándote, sí. Te miro, y asiento como si escuchase todo lo que me estás contando aún sin estar haciéndolo por aprovechar estos instantes para estudiarte, como a esas ecuaciones logarítmicas que jamás sabré resolver. Veo mi reflejo en tus gafas, y me percato de lo idiota que me vuelves; me doy cuenta de lo bien que te queda el gris de tu camisa, la rudeza de la piel de tu barbilla a causa de esa barba que siempre acaba erizando mi piel sensible.. Trazo con la mirada tus fríos labios que, sin haberme dado cuenta, estaban hablando de mi y de lo mucho que te hubiese gustado que todo ‘lo nuestro’ hubiera acabado ‘bien’.

…¿Bien? Nada ha fallado. Estoy aquí, con mi cortado de siempre y de fondo suena Leiva, ese que también se despide cuando se pone el sol, ese que también me recuerda que eso ‘nuestro’ no fue más que un collage que decora mi alma escena a escena, mi piel bocado a bocado; dejando marcados tus dientes cerca de cada tarjeta de hotel de carretera que guardo en esa caja de zapatos tan llena de ti.. Tan llena de nosotros.

Los recuerdos que conservo son tantos que caben resumidos en ese momento que tú dices ‘te espero fuera’, yo sonrío y me encierro en el baño del bar para esperar que las lágrimas me den tregua. Caben en estas medias que no hacen más que bajarse y son los mismos que irritan mis ojos aliados con el rimmel… No puedo dejarlo ir, me niego a perder lo que nunca tuve y sí, sé que es estúpido.. Pero mírame, salgo por la puerta del bar sonriéndote como si nada hubiese pasado hace escasos segundos, como aquella vez que me esperabas en esa estación central; recuerdo ese día muy bien gracias al vértigo infinito que me recorrió desde los tacones hasta el firmamento dándole la vuelta y dejándolo tan al revés como mi corazón al verte esperando; esperándome a mi. 
Como ahora, que te miro igual de feliz como en ese momento que nunca fue pero que siempre está presente en mi cabeza. Te pienso, te recuerdo.. Y tu mirada cabe justo en el rincón de mis apuntes; trazo cada una de esas pestañas tuyas con la fina punta del lápiz. Disfruto a cada pasada, y ese ruido que hace la mina contra el papel me recuerda al de tus sábanas rozando mi espalda..
¿Ves? Me cabes en cada mínimo detalle. Me envuelven todos los besos que no me diste cada vez que abro esta vieja caja, me devora el alma cada risa que recuerdo y más aún me muerdo los codos cuando abro ese libro que me regalaste y leo cada uno de los post-it’s que no llegamos a rellenar con alguna frase de esas que nos recordaban las mil y una cosas que hicimos o quisimos hacer en los rincones más escondidos del planeta; empezando por el Retiro de Madrid y acabando por hundir Venezia a base de embestidas..

Pero bueno, voy a hacer como si todas las cosas que dejo sin decir se colaron por ese agujero de mi lengua y fueron comidas por mi gato. Voy a hacer como si estudio, como si no oyese el iPhone vibrar con tu nombre brillando en la pantalla; haré como si conocerte, quererte y olvidarte no fuese un cóctel molotov directamente dirigido a ese rincón entre mi pulmón izquierdo y las costillas. Confío en olvidar el olor que inventé especialmente para el cuello de tu camisa y pido al tiempo que se dedique a coger carrerilla las noches que, sin querer evitarlo, reabro ese libro y miro ese post-it con el deseo nº14expresamente dedicado a tu espalda.

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Olvidar es un vicio, y más si hablamos de ti. Tú en si eres la abstinencia, y así yo paso a ser no más que un bucle que busca paz entre las ganas y el orgullo. Pero, ¡Hey!; ya veremos qué pasa mañana, hasta entonces olvídate tú de las Lunas y estrellas que me debes, y empieza por bajarme estas bragas…


Cuando te cansas de perder, lo mejor es seguir jugando.

Llega un día de esos en los que todas las etiquetas y problemas acaban en el fondo del cajón de las bragas; sin uso, porque, al fin y al cabo, de vez en cuando está bien olvidarse de todo y, simplemente, respirar.



El día en sí había sido duro, a pesar de que no me había movido de la cama pasadas ya las cuatro de la tarde mi mente estaba dando vueltas como un carrusel que no hace más que repetir, y repetir, y repetir, y repetir la misma melodía una y otra vez, esperando a que los niños se cansen de jugar y dejen de cabalgar sobre las pequeñas figuras. Mi alma en sí estaba igual; tan cansada como nunca de que estuvieras jugado con mis pequeños sentimientos, dándole mil vueltas a mi vida hasta que, por fin, acabé potando en tus caprichos y decidí que el amor ya no me sabía a café.
Llegados a este punto, mi plan era claro: yo y mi orgullo nos quedamos solos bajo esta manta, esperando un entretenimiento mejor que llorar en vela por llamadas que nunca harían vibrar el maldito iPhone, o palabras que no volvierían a sacudir este corazón que ahora solo late por no dejarme mal... Penoso, sí.Pero mi temor al género masculino y a sus arrebatos me ha quebrado los tobillos, una vez más.

Pausa, y rebobinando lo rota que me encuentro, lo interesante del día es que, sin quererlo yo—o sí, quién sabe—acabé en el sítio ideal y en el momento oportuno. Sí, y no sé cuál será la ley que rige las casualidades, pero sea como sea lo interesante empieza en la suite 185 de ese hotel del cual lo último que recuerdo es el nombre.

Lo mágico de Alicante es que, si sabes dónde ir, siempre encuentras lo que buscas; lo desastre de mi es que no sabía qué buscaba. Pero el destino dió una calada más y los giros de la vida hicieron que por fín mi móvil vibrase, aunque con un nombre un tanto inesperado.. 
Recibir la llamada de un viejo amigo siempre es oportuno, pero más aún cuando no tienes ni idea qué hacer con este cuerpo que, bajo su vestido blanco y el carmín esconde no más que un kilo y medio de pena. En fin. Sonreír, colgar, y parar el taxi era no más que el principio de una aventura que acabaría despeinándome y dejándome con el rimmel corrido, mucho. Y no precisamente por llorar..

Bajé, y ahí estaba él. Hace bastante tiempo que no tenía el placer de tomarme un café con este caballero que me saludaba con un intenso abrazo y esa sonrisa que tanto me gustaba en él, sobre todo en ese momento.. ¿Sospechoso? Quizá, pero esta noche todo me daba igual. En cierto modo...

Las horas en sí avanzaron con más vodka del permitido y las llaves de mi piso Dios sabe en qué váter acabaron; de lo único que me acuerdo es de la mancha de carmín que dejé sobre el cuello de esa camisa tuya que tanto me gustaba mientras te susurraba suplicando que me dejaras quedarme esa noche contigo, en el hotel.. con las llaves como excusa y el miedo a la soledad por bandera, detalles que supongo que notaste en mis ojos cuando tu sonrisa me tranquilizó con un 'sí, claro' que pude leer de tus labios, ya que la música, la pena y los grados habían dejado mis sentidos a cero, o casi.

Supongo que eso, entre otras cosas, es lo que te hizo decidir que ya habiamos malgastado demasiadas horas. En menos de diez minutos un taxi nos dejó en las puertas de ese hotel...

La suite era preciosa. Admito que me fijé, sobre todo, en las paredes recubiertas por madera mientras me quitaba los asesinos tacones sentada sobre la cama. 
Noté como te tumbaste detras mía y mis latidos comenzaron a traicionarme..  Fue extraño, pero sentí la necesidad de acercarme a ti y volver a oler ese perfume que, junto a tu sonrisa nerviosa, me estaba dando más de un motivo para acabar sobre ti y recordar lo bien que besabas.. Pero, mierda; un vestido tan ceñido no podía ser buen cómplice, y supongo que tu te fijaste en ello antes de que yo pudiese decir nada. 

Me cogió en brazos, y solo recuerdo el golpe seco que hizo quedarme desarmada entre su cuerpo y la pared. Me dió la vuelta, y en ese preciso momento comprendí que ya se había fijado en la larga cremallera que recorría mi espalda; noté su aliento en mi nuca mientras el vestido acababa a la altura de mis tobillos. Perfecto. Hace tres escasas horas estaba tapando mis errores con el carmín más rojo que os podáis imaginar, y ese vestido blanco era la venda que envolvía a esta rubia partida en dos que de la única fuerza que podía presumir era de la del ruido que producian sus pasos al caminar sobre sus catorce centímetros.. Y ahora. Bueno, ahora solo sé que sus dedos rozando mis rojos labios era la medicina exacta que podía oxidar este carrusel que no hace más que quebrarme los días.

En fin, acabar con mi propio carmin tatuado sobre todas las coordenadas posibles desde mi ombligo es algo que no estaba en mis planes, pero aún así puedo deciros que olvidar nunca me habías sentado tan bien.



Quizá este no haya sido el polvo más mágico de mi vida, y puede que follando no se rellene este crucigrama sentimental, pero sí puedo deciros que mi viejo amigo fué una de las piezas clave para darme cuenta de que no hace falta amor para que alguien te dé cariño una noche de esas en las que el helado y las películas ñoñas no curan. Una de esas noches en las cuales una simple sonrisa y un buen empujón contra la pared consigue poner las cosas en orden, y hace que el maldito carrusel deje de moler las ganas de seguir probando vida.


Hola, sí; soy yo.





(Que tengo medio de mi en las aceras de Madrid, abrazando unos hombros sobre los que apoyar cabeza y piernas. La otra mitad está aquí, llorando por ansiar estar entera y dejar atrás todo aquello que arranca mis tiritas de heridas aún sin cicatrizar..) Estoy bien.



Así está el panorama hoy, y lo cierto es que el análisis de mi parienta no ha servido de mucho.. ¿Para qué tanta carrera? Si luego cuando necesito un 'te entiendo' de madre solo sabe recordarme aquello a lo que sé que tengo pero no quiero volver. 
El pasado. ¿Cómo es el vuestro? Seguro que la gran mayoría ni pensáis en eso que se ha comido el tiempo; y os admiro, porque, ¿Para qué pensar en lo que ya no volverá a rozarnos? ¿Para qué recordar las sonrisas si no logramos entender sus razones? En fin. Quizá sea cierto que lo de idiota me caracteriza y la peor faceta felina que he podido adquirir es la de no saber adaptarme a cambios ni a nuevos entornos; mi alma sigue paseando sobre los tejados del barrio donde crecí, mis huellas siguen marcadas sobre los sucios cristales de las furgonetas y mi corazón sigue latiendo al ritmo de las palmas de mis amigos frente a las hogueras de verano.
La vida de otra clase está bien, pero siempre echas de menos fugarte de las obligaciones y perderte por mil calles.

Cambiando de plano, y una vez que llegué a cierta edad, mi pasado adquirió otro nivel.
Las épocas que menos solemos querer recordar son las que nos hunden el alma en pena. En mi caso, el peor recuerdo soy yo misma; me da miedo recordar lo que en un momento llegué a ser y por qué mi vida dió un cambio que consiguió partirme en dos; me permitió conocerme y, a su vez, perderme en mi misma. He aprendido tanto de la vida que hasta sé llorar por dentro. Aprendí a callar y a fingir sonrisas; escribí y dibujé lo que dolía, para no dejar ver que las estatuas frías también lloramos. Supe como mentir sin parpadear y lo mejor de todo lo peor es que hoy sé vivir con un peso que en su día me cambió los grados de curvatura en la sonrisa.

Pero sigamos, después de todo dicen que la vida es como esos códigos de barras que encontramos en el paquete de café, por ejemplo. ¿Sabéis lo que os digo? Cada código es único, como la vida de cada persona, luego, las barras intermitentes en tamaño y el color blanco y negro simbolizan las temporadas; vivimos bien mientras nuestro reloj interno marca en la línea blanca y cambia repentinamente a la negra mientras los vuelcos dolorosos nos sacuden en la vida. 
Nuestro código de barras habla de nosotros al igual que lo hace el del café; el láser lector marca que es la mejor marca del mercado, su peso en gramos y su valor en euros. Nuestro código habla de cuánto hemos sufrido y la clase de persona que somos; habla de cuánto pesa nuestra conciencia y cuánto es que vale nuestra confianza.
Se nos puede leer como un libro abierto y nuestras intenciones se pueden oler como cuando destapamos del vacío el pack de este café adquitido; su aroma se expande y ya sabemos que la taza de la mañana siguiente será exquisita, porque esa esencia del grano ha logrado calarnos.

Así somos, predecibles, otro más de los errores del ser humano; pero no el peor. Sentir, muchas veces, es el más feroz de los cascanueces si de querer se trata.
Lo cierto es que no estoy segura de si he amado realmente a alguien en mi vida, pero lo que sí puedo admitir con total seguridad es que sé amar, y sé cuando duele. Eso que llaman corazón lo tengo más operado que la nariz de Belén Esteban, y eso ya es decir.
Los hombres de mi vida no han sido muchos, pero sí han sabido dejar huella considerable, y no precisamente por sus dotes o heridas por espinas de rosas. 
Jamás llegué a entenderos, caballeros. Ni siquiera aprendí a mis años a convivir con mi propio padre, ¿Qué esperáis los demás? Nunca he sido la lady que me enseñaron, ni supe adaptarme a personas con las cuales quizá hubiera tenido una relación de esas de años; siempre caí en la monotonía (a la que quizá me empujaron) y me cansé de 'tequieros' que olían a ron. No sé, quizá siempre fui demasiado mala en esto de entablar relaciones y por mala suerte siempre me tocaron burros de entre la caballería. Es posible. Pero después de todo he de admitir que los hombres sois los mejores tutores de vida; me habéis enseñado a joder de maravilla (en cada uno de sus sentidos), a besar de mil formas y a mentir mientras sonrío. Me habéis enseñado a olvidar y gracias a ello he sabido hoy deshacerme, en cierto modo, de puñaladas que aún escuecen pero que, a día de hoy, no ahogan tanto como cuando vinieron dadas por un abrazo..


En fin, tanta vida en tan poca yo. Tanto dolor y, fíjate, aún sigo respirando.
Supongo que hablar de vez en cuando de una misma no me dejará sin cola y no habrá gato lo suficientemente valiente como para comerme la lengua. Respirar sin pensarlo y caminar sin contar los pasos a veces sienta bien, pero no saber hacerlo siempre me hace ser yo. 
Quizá no pueda olvidar nunca, y es muy probable que estos arrebatos de recuerdos me ahoguen un día de estos; pero todo está bien, y lo seguirá estando mientras quede una mínima oportunidad de cerrar una herida con otra.


Desvaríos varios.




Y es que hay días que me siento tan pequeña que tu corazón me sabe a rascacielos. Y llego tarde, llego tarde al piso más alto rozando el último escalón cuando todos se van, y vuelvo con ellos, pero con menos recuerdos..
Así es como las cosas giran a catorce mil revoluciones por minuto a causa del vértigo, mientras yo caigo con la esperanza de topar con alguna rama que frene mi caída; pero nada, parece que alguien ató las piedras del camino a mis tobillos mientras dormía contigo, y así estamos, así estoy; sin tropezar y, a su vez, sin dejar de caer, sintiéndome como ese cortado; rodeada por tus manos y llevada hacia tu boca para ser sorbida sin oponerme, ¿Para qué? Si después de todo me gusta acabar desnuda fumando tus suspiros mientras duermes apoyado sobre mi pecho. Sonreír, me gusta sonreír cuando tú sonríes al verme haciendo café envuelta en tu enorme camisa..

Y sí, menciono todo esto porque vale la pena, porque siempre llega esa mañana en la que, al abrir los ojos frente al espejo, te percatas de que tu nariz quedó a dos milimetros del asfalto, sin rozarlo, pero tan cerca que el olor a ciudad mojada cala hasta tus costillas para llenarte el pecho de ese orgullo personal, de ese ego que palpita al percatarse de que, a pesar de esos besos y sus espinas, tus pulmones cicatrizan bajo tiritas y te elevan, otra vez, al intento masoquista de volver a trepar por las paredes de ese rascacielos, pero, eso sí, esta vez sin mirar abajo por si el maldito vértigo vuelve a hacer de las suyas y acabemos manchando el vestido con la mierda del asfalto mientras intentamos despertar en una cama que no es la nuestra, oliendo a un perfume que no es el mío y tumbada en el lado de la cama opuesto al que estoy acostumbrada. Despertarme sin mis manías, sin mi vértigo, sin piedras en los tobillos. Despertar, y notar tu mano dormida rodeando mi cintura, contar el tempo de tu respiración sobre mi desnuda nuca. Despertar cayendo, pero sabiendo que, al mirarme en ese espejo de tu cuarto de baño, volveré a percatarme de que esos dos milímetros siguen salvándome la vida y haciendo que vuelva a buscarte, una vez más.

Cóctel de sinestésias.




Ya sé que puede sonar poco elegante, pero tras múltiples conversaciones indiscretas —muy indiscretas. Muy miau— he llegado a la conclusión de que ser sutil no me llena de satisfacción, ni me sacia estas ganas de.. tener las cosas claras.



Un día cualquiera. Puede que mañana, o más bien dentro de mucho tiempo nos encontremos, y yo cometa la locura de saludarte mientras tú disimulas como si no me conocieras.
Quizá sonrías, y te despidas con la excusa del trabajo; olvidándote de dejar tu número escrito sobre una de esas servilletas de 'Gracias por su visita'. O no. La verdad es que pienso que es más probable que, aún siendo yo la que dé el primer paso, serás tú quién me invite a tu bar favorito y pidas dos cortados;sin tener yo que decirte nada. Es curioso, porque la verdad es que lo último que imaginaba es que te acabaría encontrando, ya que dejé de buscarte en aquel preciso instante en el cual me dijiste que te ibas para siempre. Me callé, sonreí y te dije, mintiéndome a mi misma a su vez, eso de 'no importa, ya lo tenía aceptado'..
Pero las personas como yo jamás apaciguamos con las derrotas, y menos si se trata de deseos, antojos y vicios. No me gusta quedarme con las ganas puestas, y tú te fuiste dejándome con deseo de todo un poco bastante. Pero no importa. Ahora estás aquí, sonriendo como si no hubiese pasado todo este tiempo, y de alguna u otra manera que no sé cuál será, agradezco esta pausa que me ha dado tiempo a todo y para todos, dándome cuenta de que han sido unos pésimos actores intentando jugar ese papel protagonista que solían realizar tus manos..

El caso es que hoy, como antes, las conversaciones contigo eran, sin quererlo o queriéndolo tú, muy..interesantes. Tu mirada calaba tan dentro que mi sonrisa tímida no era más que una forma de ocultar las ganas de morderte ese labio inferior que despertaban cada vez que tu boca pronunciaba un '¿Qué te ocurre, tonta?' entre risas.
Era normal. Llevaba guardando este apetito de ti en mi caja de zapatos desde aquel siete de Marzoy aún no se había oxidado. No sé, quizá sea porque me dedicaba a pulir tu recuerdo cada cuatro de la mañana; hora punta para mis desvelos..

Mi amor por el café era evidente, pero más lo eran los celos que sentías por esa taza que enmarcaba el beso de mi rojo carmín al dar cada sorbo. Yo, por mi parte, no podía evitar querer ser ese cigarro que consumías; saboreándolo, dejando que te llene la boca con su sabor.. Tensión. Y en mi taza tan solo quedaba ese último sorbo que está demasiado dulce, pero a su vez demasiado intenso como para dejarlo ahí.. Le doy veinte vueltas a la idea y dos mil más a mi taza vacía, produciendo, con mis rojas uñas, ese ruido que tan nervioso te ponía. Silencio incómodo. Tú te acabas de una calada tu delicioso cigarro, y me empujas por un acantilado al rozar mi mano con tus dedos.. Vértigo. Y ya no sé con qué más palabras maldecirte por dentro, mientras mi mirada te delata todo lo que está faltando en este reencuentro que acabará, probablemente, con una despedida más que guardar en mi caja de recuerdos. 
Aún arriesgándome a eso, me decanté por inclinarme hacia ti y sorprenderme por el hecho de que mi carmín no se fundiese al pronunciar, susurrándote al oído, ese 'me apeteces', porque pude notar como aceleraba mi pulso y el daño que me hice al morderme el labio mientras te miraba a los ojos esperando cualquier respuesta. 
Tenía claro que no te dejarías guiar por mi alocada idea, siendo tú tan correcto siempre, pero algo en mi deseaba que me cogieras de la mano sin decir nada y cerraras ese pestillo a conciencia, dejándome entre esa mirada tuya y la pared..

Acabar con la falda hasta la espalda y con todos los sentidos centrados en tus manos. Así era difícil hablar de lo elegantes que eran los aseos de ese bar. 
Los espacios pequeños eran mis favoritos, y más cuando tenía a mi disposición una espalda de tal calibre, predispuesta para ser el lienzo perfecto sobre el cual escribir en Braille lo mucho que te había echado de menos.
Seguías oliendo igual de bien, y besabas mejor aún que aquella última vez que tuve el placer de despertar en tu cama. La sensación de volver a jugar con tus labios y pactar con tu lengua era justo lo que había venido deseando desde esos dos besos y el 'Hey, ¿Qué ha sido de ti?'No quería dejar de sentirte, pero soy lo suficiéntemente realista como para saber que el polvo que acabábamos de echar no era más que un intenso, sudoroso y húmedo 'ya te llamaré..'

Me gustó salir de ahí despeinada, y ver como el camarero que me había sonreído de manera sugerente al entrar se percataba (quizá por la ausencia del rojo de mis labios o las arrugas de la falda) de lo que había pasado en esos escasos minutos, porque realmente no me acuerdo cuánto estuvimos ahí; todo fue como un déjà vu del cual solo recuerdo la mezcla de sabores, olores y sentimientos.



Tan efímero como siempre_

En fín, no me hagáis mucho caso, pero sospecho que los más suculentos errores se cometen en lugares inapropiados, prohibidos y claustrofóbicos. Los mejores recuerdos parten de malas ideas y actos no planeados y la vida es mucho más apetitosa mezclando sabores y experiencias. Supongo,porque tampoco tengo muy claro lo que pasó esa tarde, en aquel pequeño bar de esquina; no sé cómo acabó su cigarrillo en mi taza de café, ni creo que importe, pero lo que sí tengo más que claro es el hecho de que la sutil elegancia es mejor dejarla de lado si de no perder se trata.