El último café, y te prometo desaparecer.





Empezar algo que sabes que forma parte de un final es, después de conocerte, la cosa más excitante que he hecho jamás. En todos los sentidos.
Es como ese morbo de saborear hasta la última gota con la esperanza de acordarte de ese sabor amargo hasta en la noche más dulce y solitaria. El morbo de sentir que creo recuerdos que mañana jugarán con mis estados de ánimo, de la misma manera que lo haces tú conmigo; de la misma manera que yo te cedo el turno para que tires los dados y acabes en esa casilla que te hace ganar a siete pulgadas de mi ombligo...
El morbo. La broma del destino, o ese bromo que se cuela por los poros de mi piel con cada una de tus caricias, alterando mi sistema nervioso hasta yo ya no poder—o no querer—controlar las ganas de perderme entre tus dedos.. Pero todo eso se acabó, ya sea por que cada reacción tiene un catalizador que la agota, igual que cada redacción ha de tener su desenlace y punto; o por el simple hecho de que cada lazo de relación acaba corroído por el roce.. ¿Qué más dará a estas alturas? Si el vértigo que siento de lo único que avisa es de que voy a caer, sin tus manos como salvavidas.



Me hallo imantada a los muelles de la cama, releyendo viejas conversaciones que no ayudan; nada.
Hundida entre sábanas y deberes, pero ahogada ente nudos de garganta que me hacen y deshacen entre cada línea que leo y suspiro. Quizá así sea mejorsonrío, pero tengo más que claro el hecho de que ser 'solo amigos' me limita a tomar café contigo, pero vestida.

Eso me desorienta, y entristece.

Aunque el gran problema no es ese; lo realmente complicado está en que alguien le diga ahora al gato que la camisa en la que está acurrucado acabará siendo parte de mi basura, sentimental y práctica.
Creo que le gusta como hueles, no más que a mi, claro, pero creo que te extraña de la misma manera que hago yo; sin conocerte, ansia clavar sus uñas en tu historia y dejar un camino de ganas que te lleve a mi tejado las noches de desvelos, ¿Sabes? Esas que de repente me hablabas y yo estaba ahí para gemirte alguna nana..
Pero bueno, hay otras cosas que tampoco serán fáciles, como la de desacostumbrarme a esa sensación cada vez que te ibas; sabía que podía esperar ese 'aquí estoy' siempre oportuno. Aunque fuese a las tres de la madrugada, yo sabía que te encantaba devolverme las tormentas que se lleva el invierno; dejándome sola en medio de este calor, vestida de ganas para lo que es el acontecimiento de mi vida: Te vas, e igual que ese invierno, te llevas el olor a tierra mojada contigo...

Sé que lo justo sería que hoy grite que te odio, y ese mismo acabe flujendo en tu boca como una de tantas promesas que se funden, pues igual; el placer que conlleva disfrutarte por última vez debería ir antes del punto, pero esta vez solo se queda en un 'quizás', y aunque mis ojos no te lo digan,  que puedes escuchar más de mi que hasta yo misma.
Sé que sabes que la caja de los zapatos nuevos que me compré para verte hoy ya no huele a piel nueva, qué va; hoy es el olor de los recuerdos quien me envuelven cual humo gris, dejándome seca la boca y los ojos fundidos en rojo; calando en mi junto al aroma del último cortado que saboreo pensando en ti. Lo prometo. Prometo que todo lo que se tatúe en mi a partir de ahora no llevará tu nombre en braille, prometo no arrugar mis vestidos pensando en cómo me echas de menos. Prometo no esperar que me leas, prometo no buscarme en tus palabras..

Prometo no olvidarme del mundo escribiendo, como ahora, en este bar con olor a madera y whisky. Te lo prometo, y solo tengo una última cosa que decirte: Gracias por tu visita, ya te devolveré el cambio.