Dejándome amor en aduanas.


Sentada en un bar con falsa esencia francesa por llamarse 'Boulevard', fijándome en cómo destacan las amarillas hojas sobre el gris del adoquín. Tranquila, aparentemente; haciendo sonar mis nerviosos tacones mientras las uñas galopan sobre este sillón trenzado.

Se me hace raro ir tan a juego con el tiempo—y conmigo misma—, pero todo es gracias al otoño; este me ha dado la perfecta oportunidad y temperatura para enfundar mi mal humor en este abrigo negro. Que en realidad ni es abrigo, si no más bien un reflejo claro de las líneas negras que perfilan mi silueta; cortándome con valientes trazos y limitando mis ganas de buscarte a nada.

Gracias a eso, me da tiempo a tener frío y olvidarme de todo para pensar en lo bien que he hecho eligiendo este tono de carmín para mi pena; combina a la perfección con el trago de vino que sonroja las paredes de la copa cada vez que ésta gira entre mis dedos...

Suena el móvil; eres tú. Y no respondo.

¿Qué voy a decirte?

Tú puedes seguir divagando sobre lo estúpidamente fantásticas que son mis esperanzas, y lo harás. Lo sé. Pero en mis planes no hay nada escrito en cursiva que diga que mi último suspiro de este aire deba ser girando entre tus brazos. No quiero un final así; irme pensando en que si me paro, te miro y retrocedo, tu sigas esperando, mirándome por si te quiero, me paro, te miro y—aunque sin querer— retrocedo hacia ti.

Así es como me voy; mejor sola que demasiado bien acompañada, por aquello de mi adicción a los excesos..
Me voy, y pueden darte donde más duela mientras yo espero oír esa voz que anuncia el embarque de mi vuelo.

Puedes sufrir como yo ya lo hice, o no. Pero mi persona ya no estará ahí para verlo; si no que buscando mi asiento y conquistándolo cual trono mientras mis dudas y las tuyas se pierden con el equipaje.
Quizá, una vez ahí, use mis dotes de imaginación para adivinar lo guapo que puede ser el capitán, juzgando a partir de esa grave voz masculina que me da la bienvenida a bordo.
Pensaré en lo bien que ha despegado, y trazaré paralelas de lo bueno que puede ser en la cama un caballero que maneja a este nivel semejante máquina. Sonreiré. Buscaré el vértigo masoquista mirando como las alas del avión cortan las nubes, y los motores trituran los lazos que me ataban a tu espalda. Tal vez, en ese momento, se enrede el miedo a estar sin ti al rededor de mis clavículas aún sedientas de tu saliva. Tal vez. Pero entonces estoy segura de que una de esas azafatas—cual salvavidas— pasará canturreando aquello de 'tea, coffee or drink', sacándome de mi atontamiento armada con su fingida sonrisa y la cafetera en mano. Reviviéndome, como si nada, con ese cortado que seguramente me sepa mejor por estar rompiendo la viciosa costumbre de tomarlo en tu cama..

•••

Vuelvo a sorprenderme con el manejo del capitán cuando consigue descolocarme las ideas con ese aterrizaje tan suave, directo y brusco a la vez.
Me abruman los aplausos de después, aún sabiendo que no es mi valentía lo que elogian los pasajeros. Bajo las escaleras, y dejo que el viento francés me desordene los rizos, despacio, con miedo.. No quiero volver a tocar suelo, y menos si es por culpa de un tacón torpemente roto.



Dicen que París es la ciudad del amor, y no sé si lo dirán por aquellos susurros de acordeón que enamoran, o quizás por las luces que parpadean incesantemente en lo alto de esa famosa torre.
No sé si hablarán de sus parques, o simpgemente tienen en cuenta ese asento tan miau.. Je ne sais pas. Pero lo que sí que tengo más que claro es que cenicientas como yo vienen a pares buscando perder su tacón en cualquier escalera.
Miles de musas, que ya no les queda otra que fingir sonrisas para todos los garçons que les miran de reojo; y millones de mujeres, simples amantes con corazones desbordados que solo vienen a comprar uno de esos típicos llaveros, para adornar la llave que cuelga de su pecho demostrando que es mejor cerrar por dentro y dejar pasar solo si la voz del solicitante puede llenarnos de confianza tanto, o parecido, a como lo hacía ese supuestamente guapo capitán.

Track 14 - Desconocido.


He soñado que pensabas en mi mientras conducías. Sonaba cierta canción, subías el volumen y decias ese 'Joder, nena'.. Omitiendo el '¿Por qué?'



Siempre sospeché que el día en el que dijeramos ese '..ya nada es lo mismo', sería al unísono.
Pensé que, al igual que querernos, nos cansaríamos al mismo ritmo, y nuestra coherencia nos avisaría de cuál polvo sería el último; para que, además de eso, fuese inolvidable.

Supe—o quise saber— que después de olvidarme, comenzaría en ti un proceso de reset que volvería a recordarte que, mis manos tímidas, eran las únicas que sabían cuándo y cómo clavarte los tequieros en la espalda.
Sencillo, . Pero sé que, aunque te dedicaras a negarlo, la sencillez de lo nuestro era lo que más te gustaba; yo te necesitaba y tu me necesitabas a mi. Y más allá de querer o no querer había un algo que ninguno de los dos supo explicar jamás; las ganas de ver algo invisible, el afán por conocer algo que quizá ni exista...

Nosotros eramos esos que no necesitabamos hablar en los trayectos largos, pues con abrir la ventanilla y hacer sonar ese CD teníamos la comunicación trazada; los 'te quiero' eran cifrados por tu mano derecha sobre mi rodilla y esa sonrisa mía, enredada entre los rizos por culpa del viento..

Fácil. Como la vida misma. O era fácil porque era vida.. No sé. Pero de cualquien manera, ese momento era lo que, al menos a mi, me hacía sentir tan viva que casi y por un momento, llegué a pensar que respirar era perder el tiempo estando a tu lado.

...

La canción que sonaba era el Track 14- Desconocido, decía que al menos ahora eramos capaces de hablar sin tener que evitar miradas que dijesen más de lo necesario. Decía, que querer matarnos era inútil si no era a besos; no nos servía sufrir, y menos echarnos en cara las palabras que, ninguno de los dos...jamás pudo decir.

Recordaba que quizás yo ya no me fie de tus manos sobre mis rodillas, y que tal vez mis sonrisas te parezcan nada; viento.

Quizá, por mi parte, ahora solo busque dónde estás, y quién soy yo.

Quizá tú, por tu parte, solo busques aclarar todas esas preguntas que nunca te hice, con respuestas que jamás te molestaste en darme.

Quizá.. Nada.

Decía que, a pesar de esos mil 'Quizás' y sus dos mil 'Tal vez..', siempre puede haber un momento ideal, único,.. En el cual volvamos a no necesitar las palabras, y que será entonces cuándo y dónde tu boca vuelva a estar lo suficientemente cerca de la mía como para oír que, tu nombre, es lo único que saben susurrar mis ganas..



Dicen que muchas canciones están escritas para vender sentimientos. Y que el amor comercial da asco.

Yo digo que esa prostitución sentimental nos da esa vida que, muchas veces, nos falta. Porque no me niega nadie el hecho de que mendigar amor duele más que pagarlo, y que además las secuelas terminan costando más que financiar nuestras culpa, y sumergir nuestra mente en esa canción que no habla ni de ti ni de él; simplemente dice en formato mp3, esperando que algún ingénuo convierta esas putas palabras en situaciones que, vivir, sería la mejor inversión.

Ciencias de bar.

No puedes llamarte 'estudiante de ciencias' si no sabes que, entre los diferentes estados de presentación de una masa, siempre habrá una relación.



Lo realmente mágico de estudiar los elementos y las entalpías de reacción es que, con un poco de picardía, puedes aplicar los conceptos aprendidos a las pequeñas cosas de la vida cotidiana.

Por ejemplo: El café y el tabaco.

Ambos pasan a ser, en idioma científico, mezclas homogéneas.
También, se pueden separar en sustancia líquida—hablando del café— y moléculas gaseosas, si nos fijamos en ese humo gris que sale de tus labios para perderse en la nada, al igual que tus palabras.

Por separado, y más aún juntos, son vicio. Drogas legales con sus efectos secundarios, sus síntomas de abstinencia y la necesidad de tenerlos, al menos un par de veces al día, a merced de nuestras adictas bocas.
Nos queman, son nocivos para nuestro corazón y limitan nuestra capacidad de razonar hasta casi nula si no conseguimos esa calada o ese sorbo cuando más falta aparente nos hace.

Pero si juntos son de armas tomar, ¿Qué esperar si los analizamos por separado?..

El café. Este se puede presentar ante nosotro en tazas de porcelana, de bohemia y hasta en esos vasitos de plástico tan característicos de las oficinas.
No suele necesitar aditivos para cautivar nuestro paladar, pero si insistimos habrá miles de formas de tomarlo; miles de sabores, lugares, excusas, razones.. Horarios, amenizando nuestras rutinarias madrugadas o descafeinando nuestras noches de insomnio..

Este brebaje puede ser tan adictivo como reconfortante, sobre todo si mezcla su olor con ese que entra por la ventana abierta a media noche, dejando calar en nosotros ese dulce aroma a tierra mojada y haciendo llegar a nuestros paladares la sensación de que el sabor amargo no recorre a solas nuestras faringes, si no que hace que la esencia de la tormenta baje hasta derramarse sobre nuestras dudas, disolviendo ese nudo que pretendía ahogarnos enredándose en la garganta.

El tabaco, por su parte, en ocasiones resulta benevolente, avisándonos de sus posibles efectos escribiendo en negro sobre blanco la verdad de que 'Fumar puede matar'.
Otras veces, su afán egoísta nos obliga a manufracturar nuestra propia adicción, liando entre nuestros ansiosos dedos lo que será el incandescente placer que contamine nuestros labios..
De cualquier manera, este pequeño cilindro venenoso nos relaja, nos evoca, nos inspira y hasta puede que nos salve dejando que nuestros problemas ardan entre su nicotina, para acabar siendo parte de la contaminación común enredados con el gris del humo; dejando tranquilo a nuestro huesped cardíaco, al menos lo que dure este pincel de queroseno escribiendo un 'todo irá bien' sobre nuestra adicta conciencia.


Pero volvamos a hablar de los dos; son enlaces. Unen vidas, personas.. Sin importar sus diferencias o similitudes; al igual que esos pequeños vínculos que se crean entre los elementos, sin importar si son metal, no metal.. Unen piezas para crear moléculas que, a su vez, pueden crear cuerpos que perduren en el tiempo y desencadenen cambios a escalas que, un tímido elemento mononuclear jamás podría haber realizado por si solo.
Así es como actúa este par; hacen que las conversaciones fluyan mientras todo lo que nos atormentaba desaparezca con el humo, y todo eso de lo que disfrutamos en el momento llegue antes al corazón gracias a los sorbos que, sin dejar de mirar a los ojos de nuestro receptor, descienden por nuestra garganta.
Unen a esas dos personas, y todo con la simpleza de una mesita de bar, un cenicero y bolsitas de azúcar que pueden endulzar hasta el más amargo de los Domingos..



Sencillez, y ciencia. Supongo que lo fácil lo es hasta tal punto que no apreciamos que, hasta el más cotidiano de los cortados, puede desencadenar un cambio que nos lleve a acabar el día enredados entre sábanas ajenas, oliendo a tabaco sin ser fumadores y sorprendidos de que, la noche anterior, divagábamos mirando la lluvia sobre cómo pasariamos el resto de noches así; frias, y como a conciencia, brindadas por el invierno cuando más solas se sentian nuestras madrugadas.