Guiones rutinarios Vol. VI


— A veces, me entran ganas de pedirle que me haga el amor.
— ¿Y qué haces entonces?
— Le pido...la hora.
— ¿Qué sentido tiene eso...?
— Porque tengo fe en que (mientras hace ese movimiento de muñeca tan maravilloso, 
coge el cristal de su reloj con los dedos índice y pulgar de la mano derecha 
y lee las flechas) se dé cuenta de que está perdiendo 
todos esos segundos sin querer. Y sin quererme.
— No lo entiendo.
— Es sencillo: Cuando levante la mirada para sonreír y decirme 'Las siete y media, señorita',
su mundo dará la vuelta y dirá, por fin: 'La siento y muero, señorita'.

Monólogos de dos corazones que no sabían cómo hablar sin amar, y viceversa.


Le miro, y parece tan frágil.

La miro, y parece tan frágil.

Duerme, y me entran estas locas ganas de enlatar cada uno
de sus suspiros. Por si caduca.

Sueña, y me sobran razones para enjaular a todos
sus pájaros. Por si despierta y no están.

¿Qué haría él sin mis delirios?

¿Qué haría yo sin sus delirios?

Probar la Paz con cucharitas de té. 

Recordar lo mucho que odio lo dulce 
sin este contraste amargo de su sonrisa triste.

Qué triste. 

¡Ay!...

Me quiero quedar. Pero no puedo.

Quiero que se quede. Pero no debe.

Me voy.

¿La amarro?

Me espero. De todas formas aún duerme...

Me espero. De todas formas aún duerme...

A ver cómo le abrazo para que no despierte; así. 

A ver cómo la beso para que no despierte; así.

¡Ojalá no sepa que le estuve mirando mientras dormía!

¡Ojalá no sepa que la estuve amando mientras dormía!


Silencio.