Guiones rutinarios IV.

— ...dijo que era tarde, y se largó.
Lo hizo porque pensó que eras como una más de todas esas putas suyas.
— ¿Fue por la chaqueta de cuero, verdad?
No...
— ¿Por los tacones? ¿Las medias rotas?
Lo dudo.
— Entonces debió ser por mis besos...
¿Tus besos?
— ¡Claro! Debió pensar que llegué a nuestra primera cita tarde y con el carmín desgastado por comerme otras...bocas. Cuando la realidad es que dejé todas esas ganas rojas sobre las cartas que le escribía, siempre selladas con un beso. En ellas, le describí cada noche que pasaba sin él pero a su lado y me inventé mil palabras para hacerle sentir lo que no le podía decir al oído por culpa de los kilómetros y de esta voz mía tan afónica. Joder. No sé qué falló. No sé en qué fallé. Quizá me esmeré demasiado...

Quizá no te esperó lo suficiente. Las estaciones hacen que cada mes y cada tren parezcan más largos de lo que son. Era Enero, y ya sabes que a él no le gustaba el frío.

Fragmentos. Vol. I

<< Cuando yo era niña siempre me imaginaba cómo sería o dónde estaría o qué sería de mayor. Ya sabes, los sueños normales: que tendria una casa, una familia, y cosas así...
¡No es que me esté quejando ni nada de eso! Porque la verdad es que tengo un gato, un apartamento, un mando a distancia que manejo yo sola—lo cual es importante—. Sin embargo, nunca he conocido a nadie con quien poder reírme.

¿Tú crees en el amor a primera vista? No, seguro que eres demasiado sensato para eso...

¿En alguna ocasion has visto a alguien y has sabido que si esa persona te conociera bien, seguro que abandonaría a ese modelo perfecto con el que estuviera y comprendería que tú eras el único con el que quería envejecer?

¿Te has enamorado de alguien con quien nunca has hablado?.. >>


~ Mientras dormías.

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Qué bien se está aquí. En este rincón de la barra. En este rincón cerca de los servicios y lejos de las decisiones. En este rincón...

...sin blanca ni blanco; sin límites ni cabos, ni cuerdas.
Sin ti, sin nosotros; sin pasado.
Sin complicaciones; sin canciones, ni versos.
Sin rimas, rumores ni errores.
Sin dedicaciones.
Sin deberes de lengua ni exámenes de corazón.
Sin pulso, ni reloj, ni tic-tac.
Sin tiempo, sin sangre.
Sin charcos, ni botas, ni paraguas.
Sin lluvia, sin truenos ni rayadas.
Sin nubes, ni dudas.
Sin frío.
Sin ropa.
Sin peros; sin rabia en los dientes.
Sin miedos, ni vértigos, ni tejas.
Sin caídas, ni para's, ni por's.
Sin preguntas.
Sin tildes ni comas.
Sin gritos; sin voz, sin sudor.
Sin sexo.
Sin ron.
Sin cascos, ni seguros, ni música.
Sin clavos.
Sin flores ni balcón.
Sin río, sin mares, sin lagos.
Sin agua, ni sed ni calor.
Sin Invierno ni hojas de Otoño.
Sin chaqué amarillo.
Sin telón.
Sin guión.
Sin zapatos de tacón desgastado.
Sin adoquines, sin copas de más.
Sin serpientes, ni taxis.
Sin porros.
Sin filtro.
Sin carreras; ni coches ni medias.
Sin naranjas, sin sal, sin limón.
Sin tequila, ni te quiero ni hostias.
Sin cartera, identidad ni valor.
Sin saldo, sin llamadas perdidas, sin lupa.
Sin hoguera, sin humo.
Sin mapa.
Sin imán.
Sin destinos, ni barcos, ni putas.
Sin esquinas.
Sin curvas.
Sin follar.
Sin fallar.
Sin hallar más motivos.
Sin buscar.
Sin querer encontrar.
Sin perder la partida.
Sin querer ganar.
Sin cero.
Sincero.
A cero...


Creo que llevo unas copas de más.


Perdiendo las pocas luces que me quedaban...

Hace unos días me pregunté qué sería de mi si viviese en una bombilla.

Sí.

Cómo sería mi vida y yo si mis actos dependiesen de un interruptor, metros de cable y una mano ajena. Un antojo ajeno. Si viviese sólo cuando la luz del Sol no fuese suficiente...

Luego cedí. Abrí las Páginas Amarillas, busqué al mejor psiquiatra de la zona y morí de risa durante más de media hora al darme cuenta de que, evidentemente, no es que viva en una bombilla; soy una bombilla.

Desde siempre he vivido dependiendo de mi interruptor cardíaco, de la maraña de cables que me unen a mi pasado y de sus manos.

Desde siempre he sido frágil.

Desde siempre me he encendido para brillar con máximo esplendor cuando el Sol ya deja de hacerme competencia, a eso de las siete.

Ser bombilla no es fácil, sobre todo porque siempre llega ese incómodo momento en el que te sustituyen por otra más duradera, más cara, de bajo consumo, de luz más intensa y, en definitiva; por una que no necesita que se preocupen de apagarla. Que no necesita que se preocupen por ella, a secas.

Por eso no me gusta ser una bombilla. Porque yo soy de esas que odian las alturas y prefieren enroscarse un alguna lámpara de mesa; para ayudarle a escribir. O quizá dentro de una de esas cargadas arañas, suspendidas a escasos metros de la mesa del comedor; esa que todos observan con atención y de la que hablan, porque no se tienen nada más que decir...

No sé. Ahora lo pienso y creo que si fuese realmente una bombilla sería demasiado exigente. Tanto que acabaría odiándome a mi misma—si es que las bombillas pueden odiar— y rompería a llorar chispas cada vez que él prefiriese no escribir ni encenderme esa noche; cada vez que el salón se llene de gente y no hablen de mi luz reflejándose en los cristales de la araña, si no de lo bonito que se veía el pelo de ella bajo el Sol...

Ay, ¡De ninguna manera!

Creo que es mejor que siga siendo una mujer frágil, anclada al pasado, a mi corazón y a esas manos. Pero al menos no tendré que odiarme, ni seré caprichosa, ni tendré que competir con el Sol; nunca me gustó como enemigo.