Desordeno mi interior, destrozo mi alma y mis rodillas; te pierdo...

...y me busco; me busco en cada armario empotrado de esta fría casa. Y encuentro zapatos viejos que hace mucho que no veía, y fotos rotas que hace mucho que no me probaba y mil y un vestidos que hace los días que te fuiste que no recordaba.

Porque a ti si te recuerdo, ¿Sabes? Y te veo, y te pruebo y te vuelvo a recordar mucho, muchísimo. Tanto que hasta me tuerzo el tobillo cada vez que, rebuscando entre lino y cachemir, el filo de tu sonrisa polaroid me hace perder el equilibrio.


Triscaidecafobia y otras ciclogénesis explosivas.

¿Alguna vez habéis nadado en pozos sin fondo? ¿Habéis tropezado con piedras caminando sobre la acera? ¿No? Pues ya me diréis entonces qué habéis vivido, y cómo. Y dónde, y con quién; quién os ha dicho que eso que dejáis pasar es vida, y dónde es que está ese sitio en el que tenéis escondidas vuestras ganas de no ser uno más de los tantos que caminan con la cabeza gacha; buscando entre las juntas del adoquín las manecillas de un reloj que dejó de hacer tic-tac el día que su dueño decidió no luchar contra el destino.



Yo también conocí a personas que intentaron enseñarme el lado fácil de las cosas, pero lo que no sabían ellas es que nunca fue lo mismo 'fácil' y 'sencillo'; jamás.

Lo fácil es todo aquello que se asimila tal cual; sin vueltas ni rodeos. Son heridas que te dejas hacer por cobardía, son trenes que no coges por pereza y, por consecuencia, es ser un completo gilipollas.

Por otra parte, lo sencillo lo es porque nosotros queremos que lo sea; los problemas son sencillos si los llevamos al desguace y los convertimos en sucias y simples piezas que, o encajan o no encajan, ayudándonos así a saber de manera rápida si la solución que construimos será válida. O no.
Lo sencillo nos empuja a avanzar, nos quita el miedo y nos deja ver las cosas más nítidas, mejor enfocadas; nos permite ampliar perspectivas, y vivir con más grados de apertura a pesar de que la luz solo incida en lo evidente.

Una vez que aprendí esa diferencia también aprendí a ver con el alma, a tocar con la mirada y, en definitiva, a morder el cielo sin miedo a las alturas.
Aprendí a no temerle a la Luna, ni a sus ciclos viciosos. Aprendí a disfrutar de todas esas semanas de cada una de las estaciones del año; aprendí a ser calor en Invierno y a tener las manos siempre frías en Verano. A combinar el naranja del Otoño con cualquiera de mis sonrisas y, sobre todo, aprendí a disfrutar de las flores en Primavera; a pesar de que, muy a menudo, me topaba con más de un capullo...

Aprendí y me reí de los mayas y su baktun, aprendí y lloré al darme cuenta de que mi peor suerte me dejaba caer en tus brazos cada 13 de Septiembre. Reí y lloré, y no siempre en ese orden; secándome las lágrimas con los pañuelos para las pajas, mientras mis hoyuelos se convertían en la nueva caja de Pandora.

Me contradije, y de repente todo fue sencillo.

Lo fue porque sabía perfectamente cuál era la pieza que le faltaba al puzzle que había sobre mi mesita de noche. Lo fue, porque apunté sobre el gotelé cada solución no válida y dejé encima del escritorio esa bombilla que alumbraba mi rostro cada vez que te miré y tú no estabas. Para que así no se fundiese nunca.

Lo fue, porque guardé mis fobias bajo llave dentro de esos famosos hoyuelos míos.

Lo fue, porque después de cada pozo sin fondo y cada piedra, me sentaba y comprendía que no había más bella melodía que la del peso de mi cuerpo sobre los fríos muelles de tu cama vacía.

Simplemente, lo fue.

Fue mi cuerpo, tu cama, nuestros muelles...

Fue mi vacío.

Fui yo.

Fue sencillo.

Foto: causa803. Más aquí http://www.flickr.com/photos/causa803




Guiones rutinarios III

No podrías ser feliz enamorada de un poeta.
Ah, ¿No?
— Eres demasiado egoísta como para compartir vuestra cama con su musa.
Pero, ¿Y si fuese yo la afortunada?
Entonces es él quien no podría ser feliz enamorado de ti. El poeta necesita morir tres veces al día; necesita respirar dolor y fumar en el salón con los pies encima de la mesa. Necesita tener la conciencia sucia, y no le importará meterla en la cama. Contigo no podría hacer eso; das demasiado, pides demasiado y en definitiva tus siete vidas sólo dan para dos días y medio.
Bueno, en dos días nos da tiempo a follar...
— ¿Y luego?
Y luego le dejaré desnudo, fumando en el salón con los pies encima de la mesa mientras yo le mato con mi ausencia.
— ...parece un buen plan.
Será aún mejor polvo.

Tápate los oídos para escucharme con el corazón; quizá así sí nos entendamos...

Tenerte cara a cara, hablándome de corazones, té y otros vicios y pretender disimular las ganas de besarte es tan imposible como aguantarse el grito al notar que tu cuerpo cae al vacío; sin posibilidad de agarrarte a una rama.

Y así me sentía: indefensa por no poder abordar toda aquella catarata de palabras a causa de tener la mente atrapada en tu boca.
No quería que me recordaras por lo torpe y tonta que parecía en ese momento, ni mucho menos por lo bien que beso. Tampoco por lo frías que eran siempre mis manos; quería más. Por ello, cuando noté que el precipicio se acababa y que la única rama que me podía salvar era tu cuello, me amarré a ti. Y te callaste, supongo que sorprendido por mi arrebato; ese que hizo que tus palabras entrecortadas chocasen directamente sobre mi boca.

Nos miramos a los ojos unos instantes, y tras darme cuenta de que mi susto era aún mayor que el tuyo; te besé.

La frente, el párpado, tu mandíbula... Recorrí cada una de tus facciones por el mero placer de entenderte; tu ceño eternamente fruncido, tus cejas preocupadas y atentas, tus ojeras tristes; tu sonrisa apagada.
Intenté buscar de ese modo el secreto para romper el hilo que hacía de ti una marioneta triste, cuya pena crónica estaba atada a los cambios del tiempo.

Entonces noté como tus manos se relajaban sobre mi espalda, y como tu pecho te pedía a gritos estar un poco más cerca del mío; como tu calor me invitaba a pasar, sin necesidad de quitarme los zapatos... Como, poco a poco, me dejabas conocerte.


...

Quizá medio mundo se haya enterado de lo que esa noche dio de si. O no. Pero fuese como fuese ésta es la parte que más me gusta, ¿Recordamos?:

— Todo esto no debería ser tan fácil, ni tan rápido...
¿Qué es 'todo esto'?
Tú y yo.
Jajajaja... ¡Tú y yo no somos nada!
— Esa doble negativa llena de dudas una mente como la mía...
Simplifico: Entre 'tú' y 'yo' no hay nexo. Eres tú. Soy yo.
— Vale, bien. La parte léxica me queda clara; ahora dime qué sientes.
¡Vértigo!
— No te hagas la tonta, sabes de lo que te hablo.
Pero decírtelo sería ponértelo demasiado fácil...
— Pues complícalo, ¡Tú eres experta en eso!
Hmmm... Ну ладно, ты сам этого искал: Я горю. И не только от твоих рук; твои слова, губы, твой голос... Всё что я боялось исполнилось: пока твоё дыхание падает на мою кожу, я живу. Ну я не знаю что будeт когда, на станции, ты отпустишь мою руку.
Я не хочу этого знать. Я боюсь... Просто и по-настоящему боюсь.
И не смотри так на меня! Я только ищу как сказать тебе что ты не должен меня любить, и я тебя не должна вспоминать. Что мы не должны смотреть друг на друга после того как ты отпустишь мою руку на вокзале... Что нам просто надо жить дальше, и только видится когда в сердце становится совсем хренова.

...
Pff... Mira, te decía que...
— Calla. No me digas más. El tono de tu voz me ha estado volviendo loco desde que has comenzado tu largo y un tanto caótico monólogo... Me has embriagado.Estoy borracho, ¡Sonrío! Y sé que mi corazón no necesita diccionarios ni traductores para saber que un 'no quiero sufrir' es el prefecto resumen a tus palabras.